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Prevención del cáncer de mama

El cáncer de mama representa el 30% de las neoplasias malignas que se diagnostican a mujeres. En España cada año se detectan unos 26.000 casos nuevos, la mayoría en mujeres entre los 45 y los 60 años de edad, lo que supone una incidencia de unos 51 casos por cada 100.000 habitantes.

Este tipo de tumor es uno de los más estudiados, así como una de las neoplasias que tiene un programa de detección precoz más establecido.

El cáncer de mama depende, como todas las neoplasias, de diferentes factores de riesgo, como son:

  • Edad
  • Exceso de peso
  • Sedentarismo
  • Consumo de alcohol
  • Existencia de familiares de primer o segundo grado con cáncer de mama
  • Existencia de familiares con cáncer de mama diagnosticado antes de los 50 años
  • Tratamientos prolongados con estrógenos como anticonceptivos orales o el tratamiento
  • Hormonal sustitutivo (THS) durante la menopausia
  • Presencia de la menarquía (primera menstruación) antes de los 12 años
  • Instauración de la menopausia más allá de los 55 años
  • Gestaciones con más de 35 años
  • Ausencia de embarazos

Algunos cánceres de mama tienen un marcado componente hereditario, especialmente los que presentan mutaciones en dos genes, el BRAC-1 y el BRAC-2. La presencia de alteraciones en estos genes supone un riesgo de un 80% de padecer un cáncer de mama, así como mayor riesgo de desarrollar también un cáncer de ovario.

Programas de cribado y revisión ginecológica

El cáncer de mama no se puede ‘prevenir’, sino reducir el riesgo de padecerlo y además la posibilidad de detectarlo a tiempo, de ahí la importancia de los programas de cribado para detectar el cáncer en sus estadios más primarios y poder tratarlo cuanto antes. El método de elección es la realización de mamografías de control a todas la mujeres entre 45 y 69 años, llevándolas a cabo cada 1 o bien 2 años.

La revisión ginecológica anual es importante, así como la autoexploración, pero no puede ser esta última la única herramienta de prevención, pues la mamografía permite detectar tumores muy pequeños que pasarían desapercibidos a la exploración. Asimismo, la detección de tumoraciones benignas como fibromas en las mamas puede generar una ansiedad innecesaria en la paciente.

Las mujeres pueden contribuir a la prevención llevada a cabo con las mamografías seriadas mediante modificaciones de sus hábitos de vida, como realizar una actividad física regular (unas 4 horas por semana), controlar el peso tras la instauración de la menopausia y reducir el consumo de grasas y alcohol.

Las pacientes con historia familiar de neoplasias de mama deberían ser dirigidas a una unidad de consejo genético, especialmente para detectar la presencia de alteraciones en los genes BRAC-1 y BRAC-2. El cribado mediante mamografía en estas pacientes debería comenzar antes, a los 25 años, o unos 5 años antes de la edad del familiar más joven diagnosticado de cáncer de mama.

Una opción para evitar el cáncer de mama en pacientes con elevado riesgo de padecerlo sería la mastectomía bilateral radical. Extirpando todo el tejido mamario se evita la posibilidad de que se desarrolle con el tiempo una neoplasia de mama. De hecho, a mujeres con una neoplasia de mama ya establecida y tratada y con la presencia de alteraciones en los genes anteriormente mencionados se recomienda realizar una mastectomía contralateral para prevenir la aparición del cáncer en la otra mama.

También a nivel preventivo se aplica la quimioprofilaxis mediante tamoxifeno en pacientes de alto riesgo con lesiones benignas de mama o bien lesiones proliferativas. Actualmente se están realizando estudios con otras sustancias para la quimioprevención como el exemestano.

La mejor manera de prevenir el cáncer de mama es acudiendo periódicamente a las revisiones ginecológicas y sometiéndose a los controles mediante las mamografías cuando estas estén indicadas. Con el cáncer de mama la mejor defensa es un buen ataque y hacer todo lo posible para que en caso de detectarlo sea en su estadio más bajo, de manera que el tratamiento sea lo menos agresivo posible y poder seguir adelante.

Fuente: Dr. David Cañadas Bustos – Especialista en Medicina General – Médico consultor de Advance Medical

Consejos para comenzar la semana con energía

A todos nos pasa. Lunes, 7 de la mañana. Suena el despertador. Resoplas y piensas que ojalá pudieras quedarte un poco más en la cama. Tienes sueño. Recuerdas lo bien que estabas el día anterior. Entonces te vienen a la cabeza todas las cosas que tienes que hacer, todas las obligaciones y compromisos de la semana. Pero créeme, es muy fácil dar un giro de 180º si sabes buscar el lado positivo de la vida.

Tu cara te delata. Tienes sueño, el despertador ha sonado tres veces, fuera todavía está amaneciendo… Levantarte con una actitud pesimista no ayuda, y además pasa factura a tu bienestar emocional. Los efectos de levantarte con el pie izquierdo acaba teniendo consecuencias.

Ha llegado el momento de dejar de odiar los lunes. Comenzar la semana con energía hará posible que afrontes el resto de la semana con humor y con una gran sonrisa, y lo mejor de todo, serás capaz de transmitir al resto ese positivismo. Los lunes son un gran día para hacer miles de cosas, además de ir al trabajo o a clase. Planifica tu semana y toma nota de estos trucos para que el lunes no se te haga cuesta arriba.

Consejos para empezar los lunes con energía

Levantarte con energía y buena cara es posible si haces algunos pequeños cambios en tu día a día y evitar así el ‘efecto lunes’. Un consejo, programa el despertador media hora antes de lo habitual (aunque cueste) y aprovecha esa media hora de más para alargar tu ducha, tomarte un buen desayuno relajadamente, repasar las últimas fotos que hiciste con tu móvil y recordar los buenos momentos que ha dejado el fin de semana, etc. Aprovecha y arréglate para ir a trabajar, aunque suene artificial, verte bien mejora tu autoestima. Elige de tu armario un conjunto que te siente genial y camina con seguridad.

Planifica tu semana
Pon en orden tu semana. Coge la agenda y apunta todos los planes que tienes pendientes. Planificarse resulta muy útil para evitar el estrés.

Duerme lo necesario
Dormir es un hábito que poco a poco estamos perdiendo. Si no descansamos lo suficiente, nuestro cuerpo lo nota. Tómate el domingo por la tarde con tranquilidad, para adaptarte a la semana. Aprovecha para recargar pilas y tener un ritmo diferente al del fin de semana.

No asocies el tiempo de ocio al fin de semana
Para que el día se te haga más corto, anímate a tener planes divertidos al salir de trabajar. Un café con amigas, practicar algún deporte que te guste, preparar una cena diferente. No asocies el disfrute con un día concreto como los sábados.

Cuida tu alimentación
La alimentación también influye en cómo te sientes. Seguir una dieta equilibrada y completa va a ayudar a optimizar la obtención de energía necesaria para un adecuado rendimiento intelectual y físico. Como ya hemos dicho, comienza el lunes tomando un desayuno equilibrado y abundante, que contenga tu dosis de proteínas, hidratos y vitaminas para darte la energía que necesitas.

Practica el mindfulness
Aprovecha cada momento desde que te despiertas. Disfruta con cada acción que realices, desde tomarte un buen café hasta ir paseando al trabajo. Aprende a ver tu día a día de forma positiva. Evita enfadarte y afronta el día con una sonrisa. El mindfulness, una técnica procedente del budismo, ayuda a centrarse en uno mismo, dejando de lado los factores externos y reduciendo el nivel de estrés.

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