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Como adaptarnos al cambio de horario en verano

En la madrugada del último sábado de marzo, nuestros relojes deberán adaptarse un año más al cambio de horario estacional de primavera/verano. Como siempre, cuando sean las 2:00h de la mañana, deberemos adelantar las agujas del reloj una hora, hasta colocarlas en las 3:00h am.

El cambio de hora en otoño y primavera es una medida impulsada hace cientos de años en base a la idea del aprovechamiento diurno de luz natural, y por consiguiente el ahorro energético. Adelantando nuestros relojes hacemos que no amanezca tan temprano y además alargamos las horas de sol por las tardes, por lo que aprovechamos considerablemente la luz solar para nuestras actividades diarias. Sin embargo, esta pequeña variación del tiempo puede producir alteraciones en algunas personas, como lo pueden ser las alteraciones en el sueño, un mayor cansancio del habitual, apatía o leve tristeza, irritabilidad o leves cuadros de ansiedad.

Por eso, Abanolia Sanchinarro quiere ofrecerte una serie de consejos preventivos y prácticos para minimizar estas alteraciones motivadas por el nuevo horario.

Acostarse un poco más temprano los primeros días, practicar deporte moderado, realizar actividades al aire libre y no alterar los hábitos alimenticios, son algunas de las recomendaciones de los expertos para las personas más sensibles. No obstante, los efectos sobre el organismo y el cansancio de las personas suelen durar alrededor de 3 días, por lo que estos sabios consejos son suficientes para habituarse a ello y tomárselo con calma.

 

¿Cómo adaptarnos al cambio de hora?

Aqui te damos algunos de los consejos que los expertos recomiendan…

  • Acostarse un poco antes para ir adaptándose al nuevo horario. Empezar cuatro o cinco días antes del cambio de hora, para modificar paulatinamente el horario de hábitos como las comidas o el sueño, evitando que el trastorno sea brusco.
  • Practicar ejercicio físico moderado ayuda al cuerpo y a la mente a estar de mejor humor y a adaptarse a este nuevo cambio. Mejor practicarlo a primera hora para afrontar el día con energía, nunca antes de acostarte.
  • No dormir siesta durante unos días. Hasta que el organismo se ajuste al nuevo ciclo de sueño, es conveniente no dormir durante el día.
  • Tratar de evitar bebidas que tengan un efecto sobre el sueño, como el café, el té o el alcohol, sobre todo durante la segunda mitad del día.
  • Acostarse con el estómago satisfecho, sin estar hambriento pero tampoco después de una cena pesada. Por la noche, los alimentos ligeros son los mejores compañeros para conciliar el sueño.
  • No utilizar ordenador, móvil o tablet al acostarse, ya que tiene demasiada luz y pueden alterar las pautas de sueño a diario, así como tener efectos secundarios sobre nuestro organismo.
  • Los niños y las personas mayores suelen ser los más sensibles a estos cambios. Los lactantes pueden experimentar alteraciones en su alimentación, y a los niños en edad escolar les costará más despertarse. Los mayores de 50 años, que suelen tener más dificultad para dormir y presentan despertares tempranos más frecuentes, pueden tardar más en adaptarse a los cambios. En este sentido, es recomendable no variar excesivamente su horario en los hábitos diarios.

 

 

El Jengibre, una raiz con propiedades medicinales

Quizá por la difusión de los restaurantes de comida japonesa en nuestro país, o quizá por la gran curiosidad por probar alimentos poco habituales en nuestra dieta, la cuestión es que el jengibre tiene cada vez más devotos. Y es que esta raíz, o te gusta o no te gusta, no hay término medio, pues su sabor es intenso y perfumado, difícil de definir.

Hay muchas maneras de utilizar el jengibre. En los restaurantes japoneses el jengibre encurtido o gari se sirve acompañando los platos de sushi, para tomarlo entre platos de sushi elaborados con diferentes tipos de pescado, con la intención de disociar el sabor entre uno y otro. Lo podemos encontrar fresco (raíz), pero también en otras muchas formas que permiten un amplio espectro de consumo. Asimismo, se puede tomar en infusión o molido, como especia, aromatizando multitud de platos, o como ingrediente en pasteles, bizcochos o galletas. Son muy populares las bebidas de zumos naturales, en las que se mezcla con frutas u hortalizas, así como las bebidas refrescantes con sabor a jengibre. Y cada vez hay más adeptos al jengibre confitado y troceado como si fuera un pequeño snack o golosina para tomar entre horas. Por otro lado, el aceite esencial se suele utilizar en el sector cosmético y de perfumería.

Propiedades nutricionales

El jengibre contiene un aceite esencial de composición muy variada, responsable de su peculiar sabor aromático. Otros componentes característicos de esta raíz, son los gingeroles y los sogaoles que le otorgan la propiedad de activar la sensación picante. La variedad de principios activos son los que otorgan al jengibre diversas propiedades y aplicaciones. Cierto es que el jengibre ha sido utilizado como especia y planta medicinal desde la antigüedad. Se tomaba sobre todo como estimulante digestivo y carminativo (que ayuda a expulsar gases). Y en la actualidad es habitual aconsejar extracto de jengibre como remedio preventivo frente a la sensación de náusea. A esta propiedad se le llama antiemética y es útil tenerlo en cuenta cuando se va a realizar un viaje en el que cabe la posibilidad de marearse. Por otro lado, a los gingeroles y a los sogaoles también se les atribuye efecto antioxidante y antiinflamatorio, entre otros. Incluso se está estudiando el potencial anticancerígeno de estos compuestos, cuyo efecto funcional está bien documentado. Incluso así existen algunas ambigüedades que implican la necesidad de más investigación para poder declarar su eficacia. El jengibre puede convertirse en nuestro mejor remedio en invierno, gracias a sus propiedades antiinflamatorias y expectorantes, podemos hacer frente a cualquier tipo de dolencia respiratoria, ya sea catarro, gripe o un simple dolor de garganta.

También tiene propiedades antisépticas, ayudando a combatir posibles focos infecciosos y ejercen un efecto antitusivo y expectorante sobre las vías respiratorias.

Desde un punto de vista nutricional, el jengibre destaca por su contenido en hidratos de carbono (70%), aunque como se suele consumir en pequeñas cantidades, su contribución calórica es baja. Entre sus micronutrientes, los más notorios son el fósforo, el calcio, el magnesio, y la vitamina C y la A. Teniendo en cuenta sus propiedades, quizá es momento de pensar cómo podemos hacer que esta raíz esté más presente en nuestra dieta diaria.

Fuente: Isabel López – Licenciada en Ciencia y Tecnología de los Alimentos – Diplomada en Nutrición Humana y Dietética

Riesgos de la “curva de la felicidad”

La llamada curva de la felicidad que suele aparecer con la edad y con un estilo de vida sedentario, esconde más riesgos de los que parece.

De entrada, en muchas ocasiones la curva de la felicidad o la tripa cervecera es motivo de bromas y alguna que otra risa entre amigos o familiares, pero hay que tomársela más en serio de lo que parece. En un principio se consideraban dos grandes depósitos de grasa, el subcutáneo y el visceral, pero con las nuevas técnicas de análisis se puede valorar también la grasa muscular, localizada entres las fibras musculares. Los riesgos asociados al exceso de grasa se deben, en parte, a la localización de la grasa, y es la grasa visceral la que se asocia a un mayor riesgo de complicaciones metabólicas. La acumulación de grasa en la parte superior del tronco se vincula al desarrollo de enfermedad cardiovascular.

Si queremos ponerle un nombre, podemos utilizar la clasificación que hace la SEEDO (Sociedad Española del Estudio de la Obesidad) de la obesidad según el reparto del tejido graso. Y en función de este criterio distingue tres tipos de obesidad: androide, ginoide, y de distribución homogénea; siendo la primera la que se identifica con el exceso de la grasa en la zona abdominal, y es un factor de riesgo de hipertensión arterial, intolerancia a la glucosa por la resistencia a la insulina, y/o dislipemias (alteración de la concentración de algunas grasas en la sangre), entre otros.

¿Hay diferencia entre hombres y mujeres?

En general, la grasa visceral es mayor en hombres y la subcutánea en mujeres, independientemente del estado de sobrepeso u obesidad. Pero con la edad y la menopausia, los patrones corporales se asemejan, pues en la mujer disminuye la grasa subcutánea y aumenta la visceral. Aún así, el género masculino sigue presentando mayor proporción de tejido adiposo en el compartimento abdominal.

¿En qué medida ayuda el ejercicio físico a reducir la grasa abdominal?

La práctica de ejercicio físico es una buena manera de controlar la grasa corporal, y por ende de ayudar a reducir la de la zona abdominal, siempre que el programa de ejercicio esté personalizado y vaya acompañado de una dieta ajustada a nivel calórico y a las necesidades de la persona. Así que vale la pena tomarse en serio unos buenos hábitos alimentarios y una buena rutina de ejercicio físico, ya no sólo cuando ya existe sobrepeso u obesidad, sino antes de que aparezca, a modo preventivo. El ejercicio aeróbico de intensidad moderada y largo en el tiempo, como puede ser caminar rápido, marcha, carrera moderada, bicicleta, etc. es un recurso excelente para disminuir la grasa acumulada en la zona del abdominal. Por ello, se recomienda que cada adulto realice 30 o más minutos diarios de actividad física de estas características, evidentemente, siempre acompañado por una alimentación adecuada.

¿Como prevenirlo?

Para evitar que la persona con peso saludable desarrolle sobrepeso y aquella con sobrepeso desarrolle obesidad, la medida más efectiva es la prevención. Por ello es conveniente que se instauren buenos hábitos alimentarios ya desde la niñez, pues la predisposición a la obesidad y parte del riesgo cardiovascular vienen marcados desde la edad infantil y la adolescencia. Un gran porcentaje de niños obesos, serán también adultos obesos. La familia juega un papel importante, pues los hábitos se constituyen en función del ámbito dietético y de ejercicio físico que conforma la infancia, y son más fácilmente modificables que en edad adulta. Seguir una distribución organizada y regular de comidas, controlar o reducir la ingesta de grasas saturadas y la de azúcares simples en la dieta (bebidas azucaradas, bollería, golosinas…), así como llevar una vida activa, son recomendaciones aplicables a toda la estructura familiar.

Por todo ello, más que «curva de la felicidad» o «tripa cervecera» podemos llamarla «curva del riesgo”. La rutina diaria y el estrés, en ocasiones nos hacen descuidar nuestros hábitos de salud, siendo conveniente parar y hacer una pequeña reflexión para intentar reorganizar las rutinas que repercuten en nuestra salud.

Fuente: Isabel López – Licenciada en Ciencia y Tecnología de los Alimentos – Diplomada en Nutrición Humana y Dietética – Nutricionista consultora de Advance Medical

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